Falsearé la leyenda
y ésta
me pertenecerá.

Falsearé
la leyenda
y ésta
me pertenecerá.

Falsearé la leyenda y otros textos sobre pedro

De un verso de este poema se sacó el título para un libro colectivo, Falsearé la leyenda, que, aunque se comenzara a preparar en vida de Pedro, se publicó póstumamente en un volumen compuesto por dos partes –cada una de ellas tratada como libro independiente, con su propia cubierta– que tenían un sentido de lectura contrario y confluían en el centro (la otra parte era una reedición aumentada de La vida puede ser una lata; lo publicó Árdora Ediciones en 1994).

En Falsearé la leyenda doce escritores que conocieron a Pedro, o su obra, escriben un texto inspirado en uno de sus cuadros, elegido por ellos mismos entre toda su producción pictórica. Los autores son: César Antonio Molina, Nacho Fernández, José Luis Gallero, José María Parreño, Enrique Vila-Matas, Javier Arnaldo, Luisa Castro, Pedro Sorela, Clara Janés, Mercedes Monmany, Julia Castillo y Martín Casariego. Como presentación se incluyó un texto, el único no inédito, de Francisco Rivas.

Quiero pintar de blanco la hierba de la pradera
y el compacto césped que recubre los jardines;
todos pensarán que venció la fuerza del desierto
y yo seré durante años el Dueño de la vida,
dejando que me acaricie la tibieza del sueño alado
y tiñendo al atardecer lo que brotó del rocío;
mi pincel será la cascada cuyo estruendo nunca percibo
y mi pintura las aguas que en ella se enroscan furiosas,
y los que por los aires naveguen
verán surgir la nieve del pecho abierto del Verano,
variarán de canción los motores aceitosos
y enarcarán las cejas los pilotos sin mirada.
Danzaré entre las hojas chamuscadas por el frío
y los demás conmigo,
pero ellos caerán extenuados
y sus músculos heridos servirán para tensar mi nuevo arco
y clavar en sus corazones suplicantes mensajes de amor
que sin duda secará el aliento de la lluvia;
y arrebataré a los niños la dejadez que me apasiona,
se marchitará colgada de las moreras,
como los plásticos sucios en el invierno espinoso.
Beberé el líquido que corre con el Nilo,
despojaré de su piel al fornido rinoceronte,
falsearé la leyenda y ésta me pertenecerá,
poseeré los campos de maíz y los quejidos sin motivo,
dividiré el tesoro del pirata para llevármelo entero,
y, llegado el momento,
cuando las ilusiones ahoguen el desengaño,
nada quedará sin ser devuelto
y mi alma os alegrará con una sonrisa.

(PCC  1976)

Los poemas originales tienen sangrados (de distintas medidas y en muchos de los versos) que determinan el ritmo de lectura ideado por el autor. Aquí no se han reproducido.
En formatos pequeños de pantalla tampoco se respeta la longitud de los versos.

 

Aquí, y con el mismo espíritu, tomamos prestado de nuevo ese verso para dar título a una sección formada por textos escritos sobre Pe Cas Cor y su obra.

SELECCIÓN DE TEXTOS ACERCA DE PE CAS COR Y SU OBRA

Un talento sin causa

FERNANDO R. LAFUENTE. ABC Cultural, 20/09/2014. Acerca de El Hidroavión de K.


Así fue Pedro Casariego Córdoba (1955-1993). Quien lo describió de manera tan precisa como original fue Francisco Rivas, que veía la poesía y la pintura del autor de La risa de Dios (1978) como «un fondo insondable de imágenes y secretos donde todo es tan amargo y tan bello, tan inocente y verdadero». Para los que no hayan leído a Pedro Casariego su descubrimiento será un gozoso asombro literario.

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La vida puede ser una lata

AGUSTÍN CALVO GALÁN. Revista de Letras, 3/06/2013. Acerca del libro La vida puede ser una lata.


Sobre la “movida” del Madrid de los años 70 y 80 del pasado siglo, sigue resultado imprescindible y sano realizar una separación del grano y de la paja, obviar algunos fuegos de artificio y algunos barrocos vacuos y quedarnos con poetas vitales y esenciales como es el caso de Pedro Casariego Córdoba (1955-1993). Cuando se cumplen justo los 20 años de la desaparición del poeta madrileño merece la pena, más que nunca, reivindicar una personalidad única como la suya dentro de la poesía española contemporánea.

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Pe Cas Cor. La diplomacia

LUIS MARTÍN. Muc, Manual de Uso Cultural.


Él era el estallido de luz, el juego, el talento puro. De su obra, pocos coetáneos llegaron a ver tan lejos como Pérez Estrada, que la definió como la aproximación más lograda entre cine y poesía. Especialmente, en lo que refiere a sus poemas encadenados, el último acontecimiento, como horizonte estético y avance en el casillero formal de la poesía de un idioma al que le han salido demasiados e inhóspitos e irrespirables carceleros. Pe Cas Cor es arrojar la literatura de sus vitrinas, incurrir en la vida.

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Acariciante cadena

EDUARDO MOGA. El Crítico, 7/04/2004. Acerca del libro Poemas encadenados, 1977-1987.


“Antiliteratura” considera, elogiosamente, Ángel González la poesía de Pedro Casariego Córdoba. Y tiene razón el autor de Palabra sobre palabra: la obra de Casariego no satisface las expectativas de musicalidad y embellecimiento que espera el lector de poesía, y mucho menos condesciende al patetismo que ha perdurado como consustancial al verso, desde la revolución romántica, en una buena parte de la lírica moderna; o lo hace con muchas salvedades. Pero es justamente en esa falta de acomodo a lo que hemos acordado tener por literario donde radican su originalidad y su fuerza.

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El condenado inocente

PEDRO PROVENCIO. Revista de Libros, nº 79-80, julio-agosto 2003. Publicado en Buenas noticias para el lector de poesía, Dossoles, 2005. Acerca del libro Poemas encadenados (1977-1987).


Los lectores de Pedro Casariego Córdoba (1955-1993), poeta considerado extremadamente raro, ya no tenemos que escarbar en bibliotecas o colecciones heroicas para encontrar sus libros: en este volumen se nos ofrecen sus cinco poemarios conocidos, otro inédito y un sustancioso apéndice de poemas sueltos. Si tenemos en cuenta que la editorial responsable de la aventura no es ni mucho menos una empresa marginal, cabe preguntarse si la rareza no estará más bien en otra parte, y no en el poeta ni en sus lectores.

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Fanerógamo

AGUSTÍN CEREZALES. ABC, lunes 19/05/2003. Acerca del libro Poemas encadenados, 1977-1987.


FANERÓGAMO: despierto con esta palabra en la boca, asociada a “poeta”: Pedro Casariego, poeta fanerógamo. Anoche estuve leyendo Poemas encadenados, el grueso volumen con el que Seix Barral ha venido al rescate de la práctica totalidad de sus versos, varios libros que andaban desperdigados y algunos inéditos.

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Una última pregunta

JOSÉ LUIS GALLERO. Catálogo de la exposición Hombres y Monstruos, Universidad de Valencia, 1997.

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La última vez que nos vimos, quedó suspendida en el aire una pregunta –«¿Crees que podré conseguirlo?»– cuya mezcla de esperanza y desamparo descartaba cualquier posibilidad de respuesta que no fuera en sí misma un balbuceo.

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Volar con Pedro Casariego Córdoba

RAFAEL PÉREZ ESTRADA. Barataria, Revista de creación literaria y filología. Nº 2, Universidad de Alcalá, Madrid, 1995.


La poesía es un estado de gracia.

Leo a Pedro Casariego e imagino que estoy barajando estrellas, o que en el firmamento vuelan peces mariposas con sus luces nocturnas, o que una orquídea empieza a deletrear la indefensión de las vocales débiles.

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Pedro Casariego

LUIS ALBERTO DE CUENCA. ABC, Panorama, 23 de noviembre de 1994, p.22; Barataria, 1995.


Conocí a Pedro Casariego Córdoba en Otoño de 1983. Gonzalo Armero acababa de publicar Maquillaje en su colección de poesía de Editora Nacional. El libro me gustó muchísimo, y Gonzalo me dijo que por qué no lo decía por escrito. Me dio su teléfono, lo llamé y Pedro y yo nos citamos en Argüelles, en la cafetería Galaxia, un sitio anodino pero con la solera de una reciente conspiración.

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Pedro Casariego

CLARA JANÉS. ABC, Panorama, 5 de octubre de 1994, pág. 24, con motivo de la presentación de El Hidroavión de K., Ave del Paraíso, 1994, y de Falsearé la leyenda, Árdora Ediciones, 1994, en el Círculo de Bellas Artes, donde simultáneamente se exponía su obra pictórica..


Estoy en el campo, contemplando a la última luz del día un sereno paisaje, y de pronto, el silbido de un tren me traslada al mes de junio y al Círculo de Bellas Artes. Nos hallarnos en un acto en que se presentan dos libros de Pedro Casariego, El hidroavión de K. y La vida puede ser una lata –este último adosado a otro que reúne textos ilustrativos de cuadros suyos, homenaje o presencia acompañante de unos cuantos que en algún momento sentimos proximidad hacia él– en el marco de una exposición de sus dibujos y pinturas.

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Falsearé la leyenda

JUSTO NAVARRO. Sobre el libro Falsearé la leyendaABC Cultural, nº 139, 1 de julio de 1994.


Pedro Casariego Córdoba (1955-1993) fue inventor, inventor de mundos. La vida puede ser una lata (1987) es un álbum de mundos, un atlas de dibujos y palabras a tinta china. Porque los inventores son descubridores, y los descubridores son viajeros: PCC ha contado que estos mundos los inventó en primavera, frenéticamente, a cien por hora, en un coche con faros, iluminado; aterrorizado, desprotegido, en un coche sin hierros, desnudo.

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Un miedo luminoso

MARCOS RICARDO BARNATÁN. El Mundo –Magazine–, 4-5 de Junio, 1994, p. 44, a propósito de la exposición sobre Pedro Casariego celebrada en el Círculo de Bellas Artes); Barataria, 1995.


El sabio Elías Canetti nos explicó en El suplicio de las moscas que hay, por lo menos dos clases de miedo, el luminoso y, el amargo. El primero crece y crece y se expande hasta que estalla. El segundo, en cambio, se encoge y se seca. El miedo amargo es el que logra convertir a los hombres en momias, el miedo luminoso los convierte en poetas. Venturosamente para nosotros, Pedro Casariego Córdoba (1955-1993) fue una misteriosa víctima del miedo luminoso.

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Ayúdame a ser zurdo

JOSÉ ANDRÉS ROJO. Con motivo de la exposición en el Circulo de Bellas Artes. El País, 21 de mayo de 1994.


Unir una palabra con otra. Juntarlas y disponerlas de tal modo para que disparen una sugerencia, para que incendien de sentido una frase banal, para que muevan a la sonrisa, a la carcajada, al deseo. También, para que den cuenta del dolor, de la amargura, del fracaso. Para que reinventen el amor. Es lo que hizo el poeta Pedro Casariego Córdoba durante una buen porción de años y escribió por ejemplo: «Las cabezas descubiertas / explicó / son las pistas de aterrizaje / de los sombreros de mujer».

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Esbozo del pintor con sombrero y mil manos tendidas

FRANCISCO RIVAS. Diario 16 – Culturas, 26 de junio de 1993 y en Falsearé la leyenda, Ardora, 1994.


No sé, y mucho me temo que nunca sabremos, si Pedro Casariego Córdoba habría llegado a ser un pintor, quiero decir un pintor como los demás, como lo son la mayoría de los pintores o de los que pasan por tales. Parece claro que sus problemas, los problemas que realmente le preocupaban, incluso aquellos que le llevaron a pintar obsesivamente en sus últimos años de vida, no eran los que preocupan a los profesionales del oficio.

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Pe Cas Cor

MARTÍN CASARIEGO. Diario 16 – Culturas, 26 de junio de 1993, p. 10.


Era alto y decididamente delgado, los pómulos marcados, las facciones correctísimas, frugal en la comida y abstemio en la bebida, fumador de tabaco, la frente despejada, muy blanco de piel, la vista corregida por gafas de cristales redondos. Jamás se exponía al sol, odiaba el calor y le angustiaba la sequía. Sin embargo, desde diez o quince años antes de su muerte no se bañaba en el mar o en una piscina, pues no soportaba mojarse la cabeza si no era en la ducha. Aguantaba el frío hasta extremos increíbles, y excepto la chaqueta, usaba la misma ropa, siempre azul, en verano y en invierno.

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Pedro Casariego Córdoba

LUISA CASTRO. ABC, Tribuna abierta, miércoles 10 de febrero de 1993.


Conocí a Pedro Casariego hace dos años en una fiesta. Le recordaré siempre como ese primer día, muy distinto a todos y muy atractivo. Una belleza que le venía de dentro, una presencia física peculiar e indescriptible. Fuimos presentados como poetas. Cuando pasa eso lo siguiente es el bochorno o el aburrimiento. Con Pedro no lo fue porque Pedro era un poeta de verdad.

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Ookunohari

CLARA JANÉS. ABC, Panorama, viernes 22 del diciembre de 1989.


«Era más delgado que cualquier faquir». Así era aquel día, y el día todavía más: un hilo perdido en la niebla, borrado por la noche. Yo estaba allí de pronto junto a su cuerpo, y era cierto: podía contar las estrellas con sus costillas, pero no «para dormirme», sino estando él dormido. Y no le faltaba ninguna. ¿Qué hacia yo, pues, junto a él? Por este motivo, sin duda, era tan ensimismado; por este mismo motivo, sin duda, era más hermoso cuando no estaba despierto, cuando cesaba la espiral de palabras que salía de su boca y quedaba en el puro ser.

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La vida puede ser una lata

JUAN CARLOS SUÑÉN. El País, domingo 17 de enero de 1988.


Primer número de la colección Azimut, una iniciativa de Ediciones Zigzag para ofrecer un nuevo tipo de libro en el que el escritor ilustra sus propios textos. Casariego nos ofrece en este primer número un trabajo inquietante y divertido, a mitad de camino entre el caligrama y los limericks a lo Lear.

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Entrevista para Sur Exprés

JOSÉ MARÍA PARREÑO y JOSÉ LUIS GALLERO. Sur Exprés, nº 8, marzo 1988, p.102ss., bajo el título “Nací apache”; en Ocho poetas raros, Árdora 1992, p.15ss., bajo el título “Los manicomios están llenos de ropa interior”; y en Verdades a medias, Espasa Calpe, Madrid, 1999. PCC contestó el cuestionario por escrito, por lo que esta entrevista se puede considerar parte de su obra literaria.


José Luis Gallero y José María Parreño.- Se supone que hace usted una vida más bien aislada, que sale poco, que no ve a mucha gente. Se supone también que apenas se concede descanso a sí mismo: espera ser lo bastante rápido como para no aburrirse, lo suficientemente duro como para no flaquear. ¿Qué significa la poesía en todo esto? ¿Cuál es el trabajo de un escritor?

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Entrevista para El Paseante

JACOBO SIRUELA. Esta entrevista apareció en el nº 1 de El Paseante (diciembre de 1985, pp. 99-102) como apoyo a la publicación en la revista del poemario La Risa de Dios.


P. C. C.– Hoy ha sido un día realmente terrible para mí. La perspectiva de tener que hacer esta entrevista ha estado hiriéndome, en cierto modo, durante algún tiempo, puesto que soy una criatura obsesiva. Me he hecho múltiples entrevistas, mientras estaba en el cuarto de baño afeitándome, mientras bajaba andando al bar de los obreros en Aravaca, mientras sentía en mi cara el beso del aire acondicionado en una cafetería. Me he entrevistado muchas veces logrando componer frases que se han ido desmoronando poco a poco… ¿Está grabando?

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