Falsearé la leyenda
y ésta
me pertenecerá.

Falsearé
la leyenda
y ésta
me pertenecerá.

Pe Cas Cor. La diplomacia

Texto de Luis Martín

Muc, Manual de Uso Cultural.

La mediación diplomática no siempre es la mejor respuesta. Por mucho que digan en los manuales de conflicto armado, existen situaciones en la que la reacción más cívica y elegante consiste en la rendición de la palabra y la búsqueda de nuevos hábitos de pacificación extrema.

Pienso, verbigracia, en el vertido de vino, rápido y manual, en el gabán del adversario o la inefable colleja, sentimental y dialécticamente hablando, por supuesto. A mí la paciencia se me agota con dos actitudes insultantemente generalizadas: que se relacione a Wagner con la épica y que la obra de Pedro Casariego Córdoba, Pe Cas Cor, como le gustaba llamarse, sufra algún tipo de menoscabo en audiencias sociales de género mixto. 

Esto último, suele suceder, e, incluso sucede, en diferentes e igualmente ofensivas categorías: el desconocimiento, injustificable si se tiene en cuenta el plagio de sus jaculatorias predilectas por parte de estrellas bizarras del rock peninsular, y la complexión de su trayectoria en concesiones del tipo «era un autor experimental y muy divertido», abundantes entre autores que lo mejor que podían haber hecho en su vida es dejar de escribir y trasladar su carrera a los burdeles o a la política.

¿Divertido? Sí, claro, pero Pe Cas Cor, era mucho más que eso, quizá una de las experiencias más genuinas y ambiciosas de la poesía en castellano, equiparable a la de Huidobro o César Vallejo en su día, digna de aniversarios de Estado y enciclopedias si hubiera nacido en Francia y no en este país de dignatarios de la banalidad pretendidamente atildada y del cazurrismo.

¿Pero por qué tanto odio? Lean, lean y encabrítense conmigo. Basta un poema y una ojeada a la biografía de Pe Cas Cor para que se sumen al envite, aunque hay que tener cuidado. No se dejen engañar. Casariego Córdoba ejerció miles de disparatados oficios, no le gustaba cambiarse de pantalón y se suicidó arrojándose a una vía. 

Los jalones son de maldito, pero pocas cosas existen más antitéticas a su literatura que la negación petrificada y solemne de la existencia al modo alemán o supralatino. Él era el estallido de luz, el juego, el talento puro. De su obra, pocos coetáneos llegaron a ver tan lejos como Pérez Estrada, que la definió como la aproximación más lograda entre cine y poesía. Especialmente, en lo que refiere a sus poemas encadenados, el último acontecimiento, como horizonte estético y avance en el casillero formal de la poesía de un idioma al que le han salido demasiados e inhóspitos e irrespirables carceleros. Pe Cas Cor es arrojar la literatura de sus vitrinas, incurrir en la vida.

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