Falsearé la leyenda
y ésta
me pertenecerá.

Falsearé
la leyenda
y ésta
me pertenecerá.

La vida puede ser una lata

Crítica de Agustín Calvo Galán

Revista de Letras, 3/06/2013. Acerca del libro La vida puede ser una lata

Sobre la “movida” del Madrid de los años 70 y 80 del pasado siglo, sigue resultado imprescindible y sano realizar una separación del grano y de la paja, obviar algunos fuegos de artificio y algunos barrocos vacuos y quedarnos con poetas vitales y esenciales como es el caso de Pedro Casariego Córdoba (1955-1993). Cuando se cumplen justo los 20 años de la desaparición del poeta madrileño merece la pena, más que nunca, reivindicar una personalidad única como la suya dentro de la poesía española contemporánea.

Esta reedición de un libro poético y visual, con dibujos del propio autor, publicado en la misma editorial en 1994, con ligeras variaciones, viene a sumarse al proceso de recuperación de Casariego Córdoba; labor iniciada en el momento mismo de su fallecimiento y que tuvo en el 2003 uno de sus momentos álgidos con la aparición de Poemas encadenados, 1997-1987 en Seix Barral, que recogía la mayor parte de su obra poética publicada hasta 1987, con prólogo de Ángel González y texto introductorio de Esther Ramón (quien le dedicó su tesis doctoral años después).

Como bien explica Antón Casariego en el prólogo de la presente edición de La vida puede ser una lata, en los años 70 y 80 la marca “Vida” comercializaba una sopa en lata; es decir, una metáfora perfecta, proporcionada por la sociedad consumista que comenzaba a triunfar en nuestro país por aquella época, que sirvió a Casariego Córdoba para explicarnos su tedio vital. Esta “sopa vida” quedó no sólo reflejada en el dibujo de la portada del libro, sino también en el fondo y en la forma, en lo escrito y dibujado en su interior: desde la desazón existencial pero también desde la levedad de la trascendencia, en una sabia mezcla de sencillez gráfica con cariñosa desesperación, de cruel ternura con honda ironía, de inocencia inspirada con metamorfosis continua.

La aparente levedad de su escritura encaja a la perfección con unos dibujos de una extrema simplicidad pero también de extrema expresividad. El poema manuscrito se inserta en el dibujo y convive con él, creando no ya caligramas, sino formas perfectamente híbridas de plasticidad y escritura. Así, por ejemplo, las palabras del siguiente poema forman la cuerda sobre la que se sostienen piezas de ropa tendida:

Ese fantasma que trata de esconderse entre
la ropa tendida es como un hijo para mí.

Dibujo y escritura le sirven para expresar y representarse en esa contradicción constante, entre la incomodidad y la felicidad que produce la vida, en la que los seres humanos nos debatimos:

he prestado mis brazos a un pájaro
tengo la cara llena de labios talados
tengo las piernas y los coches poderosos
tengo el mundo mullido como el humo
voy y tú estás más cerca.

También, en el fondo de los poemas subsisten imágenes fruto de una imaginación elaborada, con toques absurdos, y sin elemento innecesario:

Desconfío de las flores que no ladran.

Pedro Casariego Córdoba no solo fue un poeta y artista excepcional, una “rara avis” de su tiempo (no en vano fue incluido en la antología Ocho poetas raros de Árdora ediciones, 1992), también es una figura que sigue hablándonos en presente, por lo que su reivindicación es un movimiento de sinceramiento con nosotros mismos –y con nuestro pasado en una época donde todo puede y debe ser cuestionado–, para que lo esencial tome el protagonismo que las veleidades y grandilocuencias de épocas pasadas nos han estado ocultando.

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