|
|
Exposición
en la Universidad de Valencia. Hombres y monstruos / Homes i monstres
(Valencia, 11 de febrero a 15 de marzo de 1997)
Reproducimos aquí
íntegramente el texto que realizó Pe
Cas Cor Sociedad Imaginada para el catálogo de la exposición:
Hombres y monstruos,
risa y dolor
La disposición
alargada de esta Sala del magnífico edificio de la Universidad
de Valencia nos sugirió exponer cuadros que formaran dos grupos
enfrentados, hombres y monstruos. Luego, al pensar el catálogo,
decidimos que les acompañaran algunos poemas, risa y dolor. La
exposición se completa con dibujos y cuadernos originales y ejemplares
de las más importantes publicaciones de la obra de Pedro.
Pe Cas Cor
pintó sus cuadros entre 1989 y 1992, cuando prácticamente
había abandonado la escritura. En ellos, no hizo nunca referencia
clara a los personajes que creó en su poesía. No reconocemos
actitudes o situaciones que vivieron Van Horne, Murray, Contreras, Schneider,
Mallick, Shahn o Paivarinta, ni siquiera otros protagonistas de sus
poemas breves o de sus cuadernos. En realidad, es difícil, creemos,
encontrar alguna referencia concreta a cualquier escena literaria, y
menos aún poder calificar un cuadro de ilustración deudora
de un texto determinado. De dos cuadros de los que podríamos
pensar que ilustran una escena cinematográfica o una película,
"Ciudadano Kane" y "El tercer hombre", sabemos que
son juegos de palabras en títulos puestos a posteriori. Algo
parecido pasa con "Los principitos". Sin embargo, en esta
Sala se puede contemplar una obra cuyo título, "Lenz",
es bien explícito y descriptivo y nace antes de la ejecución
de la obra, a más tardar simultáneamente. En la oscura
noche, Jakob M. R. Lenz aparece rodeado de estrellas, sentado sobre
un peñasco, tal como lo describe Georg Büchner en su relato
del mismo nombre. Es la excepción propia de toda regla.
Pero no es
sólo la recreación imitativa de escenas lo que puede aportar
unidad a letras y pinceladas. Hay relaciones más profundas. En
el caso de Pedro éstas son innumerables. Los títulos de
los cuadros, pequeños poemas, hacen ya una labor de puente levadizo,
unas veces descripción transitable, otras críptica barrera,
otras, también, mezcla de ambas cosas. Desconcertante es el de
"Autorretrato", si tenemos en cuenta que en muchas ocasiones,
en dibujos sobre todo, pero también en algún cuadro, Pedro
había reflejado sus propios rasgos. Pero poco antes de pintarlo
había escrito: «El mejor autorretrato siempre nos lo hace
otro» (Cuaderno verde,
1988. ¿Pensaría en el cuadro
de Javier Vellés?)
Pedro escribió
La risa de Dios en 1978, cuando contaba
veintitrés años; es el segundo de sus libros compuestos
por poemas unidos argumentalmente. En este caso, nos ha dejado una breve
explicación de lo que pretendía en la entrevista que precede
al poemario en El Paseante, nº 1, invierno de 1985, donde
se publicó completo (aquí se imprime una breve selección
de los poemas: dieciocho de un total de 102). Los otros poemas (o las
dos "versiones definitivas" del mismo poema), cuyo protagonista
es el dolor, son de 1985 y hasta hoy permanecían inéditos.
Unir un grupo
de poemas y otro de cuadros en este catálogo es una decisión
que hemos tomado nosotros, por motivos que no sabemos si a su autor
le hubieran parecido correctos: una sintonía temática,
una común visión de las cosas del mundo, una imaginación
poblada de figuras que cobran materialidad. Pero sobre todo lo hemos
hecho porque es nuestro deseo incidir en la doble faceta de Pedro, primero
poeta y después pintor, sucesiva y, en apariencia, casi excluyente-mente,
aunque como poeta estuvo seducido por la imagen y como pintor, impregnado
de la palabra.
En La
risa de Dios, los personajes, seres inocentes a merced de Dios,
atenazados por el miedo a quedarse solos, están encerrados en
una habitación, al principio oscura y llena de telarañas.
Las figuras de la serie de los Monstruos, de la que aquí se muestran
cinco cuadros, están también encerradas entre paredes,
siempre próximas y carcelarias, aunque el color, especialmente
el azul del cielo o del suelo (a veces mar), parezca dejar algún
resquicio para la huída... ¿O es al contrario?:
Siempre andamos a tientas.
También
hay paredes en el campo.
Cárcel desfigurada y muros azules
escribía Pedro en 1981.
Las «manchas
mecánicas de tinta china» que van apareciendo ante los
personajes en el poema, hombres y monstruos frente a frente como en
esta Sala de Exposiciones, pertenecen al mundo interior de cada uno,
son reflejos de la angustia íntima que los actores de La
risa de Dios expulsan al exterior para exorcizar sus fantasmas,
cobrando entonces vida propia. Exactamente igual que estos negros e
inquietantes Monstruos, a los que, por cierto, ese nombre unificador,
esa clasificación con arreglo a una serie, también se
lo hemos dado nosotros. Como también hemos vestido con el nombre
de Hombres a las figuras humanas o humanoides de los otros cuadros,
al igual que Pedro "vistió" con el apellido Markowitz
y el apodo "Manos de hierro" a Murray, cuya cabeza cubrió
luego con un flexible, sabedor de que
las cabezas descubiertas
(
)
son las pistas de aterrizaje
de los sombreros de mujer.
Sombrero flexible tipo Stetson, el clásico de los detectives
de serie negra, o de nuestros abuelos, que puebla los cuadros de Pedro,
con un simbolismo quizá menos superficial que el enunciado en
el poema.
Arañas,
unicornios, pegasos, leviatanes y quimeras; caballos, tiburones, cucarachas,
peces martillo, incluso mujeres y hombres (esa "Mujer desnuda",
ese "Autorretrato" ) son las bestias, imaginarias y por ello
inmateriales, que habitan La risa de Dios
y los lienzos. En el poema del dolor, éste, inmaterial pero no
imaginario, se encarna en un rinoceronte, animal tan ciego que no distingue
entre cuerpo y alma.
Pero, tal
como Pedro, ironizando sobre la frase bíblica, escribió
en otro poema donde el hielo celeste traído por un cometa se
mezcla con el nacido en una colina,
¿quién puede distinguir lo que es del cielo
de lo que es de la tierra?
Texto del
catálogo de José Luis Gallero 
|
|